martes, 8 de mayo de 2018

¿Cómo empezar?

Tengo muchas cosas en mi mente, muchas cosas que me ayudan o no, de alguna forma, pero siempre están ahí. Realmente quisiera soltarme a escribir todo lo que tengo en la cabeza, pero son tantas cosas y todas a la vez... no sale nada bueno de eso, simplemente.

Hablar en tercera persona se me complica un poco, poner las cosas en su hora y lugar, un poco más. Y más aún rellenar un poco la historia para que no quede tan suelta y tan floja al momento se subirla a algún lugar. Quisiera soltar mi creatividad y soltar todo lo que tengo en la cabeza de una vez por todas, y lo bueno, es que lo estoy haciendo ahora.

Ya que, aunque no esté escribiendo nada realmente (refiriéndome a la historia), de verdad siento que mi mente se despeja en algún sentido, en algún momento, me hace sentir más relajada el poder escribir así sin tener que parar cada dos por tres, al pensar que mi trabajo no está siendo lo suficientemente bueno como me gustaría ver al final.

Y es que, de algún modo estas cosas tienen que suceder, me tengo que bloquear al escribir en algún punto de mi vida. ¿Pero que ya hayan pasado 6, o 7 años desde la última vez que escribí una historia? Me parece muy tonto ya de mi parte, el haberlo postergado tanto y el no haber hecho lo que debí haber hecho un par de años.

Ya las historias que tenía pensadas en aquél entonces ahora no tienen mucho sentido para mi, e inclusive sobre el qué las escribía, me parece todo tan absurdo ahora, y es que ya no tengo ningún hobby ni ninguna emoción ya al leer, ver, o escuchar cosas nuevas, no tengo idea del porqué, o quizá sí, pero me gustaría vivir en la ignorancia de aquello en cierto sentido.

Quiero volver a sentir un montón de emociones al escribir mis historias, al leerlas, no quiero cerrarme tanto de mente como en aquél entonces, donde si no estaba mi pareja favorita sobre la que me encantaba leer, simplemente pasaba de largo la historia, aunque fuera realmente buena. No quiero volver a ser así y creo que en mi presente se está empezando a notar.

Pequeña gran Audrey, tu que posiblemente estarás leyendo esto en algún momento futuro, por favor te pido ahora desde ahora, que ya es tu pasado, no lo pienses mucho, vive, déjate consentir, deja de tener esas inseguridades que no te dejan ser tú, si te equivocas, tienes la experiencia ahora para no volver a repetirlo. Ya estás grande, no somos aquella niña de 13 años que quiere ser aceptada por todo el mundo y hacía todo lo posible para ver sonreír a los demás, y que por lo menos, le sonrieran, aunque fuera de ella.

Tenemos muchas cosas que vivir, tu vida apenas está empezando, no dejes que nadie, ni siquiera aquellos que dicen estar contigo y apoyarte en cualquier situación, no dejes que ninguno de ello te tire de tu pequeña nube llena de esperanzas e ilusiones, por que ahora sé que esas pequeñas ilusiones nos hacen esperar un buen mañana. Y sobre todo, por favor, haz algo más por ti, sé muy bien que ya lo estás haciendo, pero por favor no regreses nunca más a esas cosas que te solían hacer daño, ya no quieras a los demás, te pido hoy, que te quieras y te ames tú, y que cada día te ames un poco más que el día anterior.

Para probarme a mi misma que si puedo manejar aunque sea algo sencillo, haré una pequeña historia:


"Una pequeña niña caminaba al lado de su madre en un pequeño mercado fueras de la ciudad, aunque estuviera algo lejos de su casa, le gustaba ir con su madre, ella la consideraba su ejemplo a seguir al enseñarle como escoger las frutas y verduras, tanto para ese mismo día, como para días futuros donde la fruta ya estuviera lo suficientemente madura. 

Muy seguido, ella solía soltar la mano de su madre para ir a ver algún show de títeres que le llamaba mucho la atención, no estaba muy consciente del peligro que aquello podía desencadenar, estar fuera de la ciudad rodeada de gente desconocida de aquél mercado. Su madre se apuraba a ir detrás de ella antes de que desapareciera entre toda aquella gente, tomándola del brazo abalanzándola hacia su regazo, abrazando con fuerza aquél pequeño cuerpo de su hija. 

- No quiero que por ninguna otra razón sueltes mi mano - Le ordenó con ojos llenos de angustia y algo de molestia - La gente no siempre es buena, no confíes en la "bondad" que otras personas puedan demostrar hacia tí. 

La pequeña la miraba con ojos confundidos, y es que ella con su pequeña mente libre de cualquier maldad, aún seguía creyendo que la gente siempre iba a ser buena, y que los malos sólo existían en aquellas historias que su hermano mayor le solía contar en las noches para asustarla.

Volteó su pequeña cabeza hasta mirar el show de títeres, podía ver aquellos niños solos, casi sin ninguna supervisión adulta en aquél lugar un poco apartado del mercado.

-Mami, entonces, ¿por qué a ellos si los dejan estar ahí solos? - respingó con ojos algo llorosos - Yo también quiero ver el show, ma... Quiero estar ahí también.

-Son niños que por desgracia, sus madres no quieren -Sin voltear a verla y aún sosteniendo el pequeño brazo, siguió caminando tranquilamente para regresar al puesto de frutas - Yo te quiero mucho, y mi deseo es protegerte en todo sentido -volteó su rostro para mirar al de la menor, sus ojos estaban muy enternecidos - Eres mi única hija, yo no sé que haría sin ti, quiero verte bien, por eso estoy aquí, siempre contigo. 

La pequeña no podía dejar de pensar en aquél show te títeres que tanto le hubiera gustado ver, era una lástima, aquellos niños parecían reírse tanto y disfrutarlo a lo grande, pero ella no podía estar ahí, estaba enojada, ella quería estar con los otros niños sin importar el qué.

Pronto, adentrándose más en aquél mercado, su madre se encontró con una amistad, y aprovechando lo distraída que estaba, decidió irse a buscar aquél espectáculo, estaba decidida a por lo menos, ver el final y poder hacer nuevas amistades. Tan absorta en su pequeño pensar se quedó, que no se dio cuenta que estaba yendo  hacia la dirección contraria, y pronto se vio en la entrada de un pequeño bosque, sin nadie al rededor.

Al querer regresar, una mano sostuvo la suya, haciéndole soltar un grito que se quedó a mitad de camino en su garganta, viendo con un gran susto aquél que le tomó la mano.

-Que bonita niña eres - Una sonrisa apareció en la cara de aquél desconocido de piel oscura, con un traje algo extravagante de colores - ¿Acaso estabas buscando el show de títeres? 

Estaba muy asustada, con su cuerpo algo rígido no pudo hacer más que asentir ante la pregunta.

-Oh, pequeña, no tengas miedo de mí - El mayor se inclinó delante de ella, y aún sosteniendo la pequeña mano, la acercó a su boca y plantó un pequeño beso sobre el dorso de esta -Soy alguien de confiar, ¿no ves acaso mi traje? - Dijo entre pequeñas risas apuntando sus propias ropas - ¿Crees que alguien que está para hacerte reír te haría daño? 

Ella no sabía que pensar, las palabras de su madre resonaban en su pequeña cabeza, recordando que no debía confiar en nadie. 

-¿No tienes hambre? ¿Quieres un dulce? -Sin dejar de sostener la mano de la niña, de un bolsillo oculto de su traje sacó un pequeño dulce de cereza - Ten, es para ti, te lo regalo - Puso el dulce en la mano que sostenía, y la cerró de forma amable y al fin, la soltó.

Al tener el dulce en su mano, sus pequeños ojos se iluminaron y de forma inmediata lo metió en su boca, el sabor era tan dulce, como a ella le encantaba.

-¿Ves? ¿Quién te daría algo si no fuera por que te quiere, y te quiere ayudar? - Sonrió aún más amplio, no había dejado de estar inclinado frente a ella, mirándola con brillo en sus ojos. - ¿Me dejarías, pequeña dama, que te guíe a tu destino final? - Levantó su mano, esperando por la mano de la pequeña.

Ella ya sin miedo, tomó la mano de aquél adulto, ella sabía en su cabeza que todo iba a estar bien, que no podrían lastimarla, que la gente no era tan mala como su madre y su hermano le hacían creer.

-Bien, pequeña princesa, vayamos allá - Al fin se puso de pie y empezó a andar hacia el bosque aquél.

-Señor... -Ella por fin habló, algo desconcertada al ver que no iban a regresar por donde mismo - ¿No estamos yendo por el camino equivocado?

-Oh, tranquila pequeña - Palmeó la pequeña cabeza con la mano que tenía libre, y casi enseguida sacó otro dulce de su traje a colores - Me sé un pequeño atajo, confía en mí, no te haría daño - Puso el dulce en la pequeña mano que sostenía, y empezó su andar otra vez.

Ella confiaba en que así sería, en que irían a ver aquél show y luego le contaría a su madre lo de aquél salvador frente a ella, que la trató tan bien y la ayudó a regresar.

Pronto, aquélla escena verde se convirtió en un fondo negro con pequeños puntos blancos volando al rededor, para después perder la consciencia.

Después de dos días, la encontraron dentro de aquél bosque dos adolescentes, con su ropa desgarrada, sucia, y cubierta de hormigas."


Vaya, eso se sintió bien, ¿no es así? El haber terminado algo aunque haya sido tan corto.
Me siento tan orgullosa de ti, por favor, sigue y confía en tí.




Audrey

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